La discusión sobre descentralización no es reciente

La tendencia mundial muestra que una de las vías válidas para alcanzar el desarrollo de las regiones pasa por el fortalecimiento de los gobiernos locales y la elaboración de estrategias regionales para un desarrollo equilibrado y eficiente. La experiencia demuestra que los países más avanzados son países descentralizados en todos estos aspectos, y que para un desarrollo adecuado en los distintos territorios esta es la forma de gobernanza idónea. En Chile, la discusión sobre descentralización no es reciente, ha estado presente un largo tiempo. De hecho, ya en 2012, la Encuesta Bicentenario mostraba que más de la mitad de la población estaba de acuerdo con que las regiones pudieran elegir sus propias autoridades, disponer de los recursos generados en su territorio y manejar libremente su propio presupuesto (Adimark GfK, 2012). Han pasado casi 10 años, y si bien el avance ha sido lento y lleno de piedras en el camino, la ciudadanía pudo validarnos en las urnas como su primera autoridad regional, pero más allá del simbolismo de esta elección popular, mientras nosotros como Gobernadores y Gobernadoras no contemos con verdaderas atribuciones autónomas para la toma de decisiones, la repercusión en el proceso de descentralización, que mayoritariamente se espera en Chile, sigue estando pendiente. Por ello, el aunar fuerzas como asociación nacional para contar con mayores atribuciones y poder de decisión sigue siendo el gran desafío. Abordar las desigualdades implica también hacerse cargo de enfrentar las desigualdades territoriales, las cuales se caracterizan no solo por la inequidad en el acceso a servicios básicos, conectividad, educación y salud, sino también en la participación en los procesos de tomas de decisiones, más aún en el actual escenario de crisis sanitaria, social, así como climática y medioambiental.